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viernes, 22 de junio de 2012

Carne de conejo, una elección ideal para dietas hipocalóricas

Carne de conejo, una elección ideal para dietas hipocalóricas

La carne de conejo es una carne magra con muy bajo contenido en grasa total

La carne de conejo es un alimento con bajo contenido en grasa (5%), incluso algunas piezas como la pierna y el lomo pueden tener entre un 2 y un 3%, según recoge el Informe Técnico sobre la composición y el valor nutricional de la carne de conejo realizado por el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INYTA) de la Universidad de Granada. Por todo ello es una carne ideal para las dietas hipocalóricas dirigidas a la pérdida o mantenimiento de peso. 

Además de un bajo contenido calórico es un alimento con una alta densidad nutricional, ya que aporta proteínas de alto Valor Biológico, con una buena relación energía/proteína. 

Un aspecto importante del valor nutricional de una carne es el tipo y la cantidad de grasa que contiene. En cuanto a la cantidad, la carne de conejo es una carne magra, baja en grasa. Respecto al tipo o calidad de la grasa de la carne de conejo, tiene un perfil de ácidos grasos mayoritariamente insaturados, con un contenido de colesterol bajo (26,5mg/100g) en comparación con otras carnes como por ejemplo la pechuga de pollo que posee 71,9mg/100g de pechuga. 

Contenido en colesterol de distintos alimentos

Alimentos

Colesterol (mg)/ 100g

Sucedáneo de caviar

310

Calamares

222

Langostinos

150

Queso Emmental

110

Chuletas de cordero

79.5

Muslo de pollo

68.3

Lomo de ternera

67.5

Merluza

67

Lomo de cerdo

58

Conejo

26.5




















Fuente: Tablas de Composición de Alimentos. Mataix. 2004 

Se recomienda un consumo de 3 a 4 raciones de carnes magras a la semana, combinando los distintos tipos, entre las que se encuentra la carne de conejo. Una ración para un adulto sano es un cuarto de conejo. 

Reto Cuerpo de Verano: Semana 8

¡¡Buenas noticas!! Vamos a saltarnos la dieta

Por fin una semana que nos resultará muy fácil de seguir. Se trata de saltarse la dieta y comer alimentos que teníamos restringidos como bollería, grasas o comer algo más de hidratos de carbono.

Nuestro cuerpo puede seguir adelante sin muchos problemas con una dieta restrictiva de hidratos, puede perfectamente vivir sin grasas saturadas y no necesita la bollería industrial. Sin embargo, nuestro cerebro no lo lleva tan bien.

El paladar nos reclama comidas ricas en grasas y azúcares, lo que se denomina comidas palatables (agradables al paladar). Los alimentos con una alta palatabilidad producen efectos considerables sobre el cerebro, actúan sobre neurotransmisores (compuestos que transmiten los impulsos nerviosos) como la dopamina. Así que nuestro cerebro nos pide su "chute" de endorfinas, sobre todo en esas situaciones donde tenemos bajos los niveles de glucosa, cuando tenemos una situación de ansiedad y sobre todo cuando nos lo muestran a la vista.

Por otra parte, en su justa medida y consumidos de forma puntual, no son apenas significativos en el organismo a nivel de nutrientes, incluso en algunos casos necesitamos algo de colesterol, glucosa  y fosfolípidos. Con el paso del tiempo y ser constante aprenderás a regularlos y no depender de ellos, el cuerpo y sobre todo nuestro cerebro terminará por no necesitarlos.

Pero por ahora conviene que algún día que te apetezca consumas un helado, una hamburguesa con patatas fritas y refresco, unas cervezas con los amigos o simplemente un bollo de chocolate. Por una parte le darán a tu cerebro su dosis de placer, pero por otra parte tu cuerpo recibirá el estimulo de que le llegan ácidos grasos, glucosa de vez en cuando, esto evitará que "salte" el mecanismo de alarma, baje nuestro metabolismo y nos pongamos en fase de reserva. También te servirá para continuar con tu restricción durante un periodo de tiempo mas largo, es preferible caer de vez en cuando en la tentación de comer algo dulce o grasiento, que un día abandonarlo todo y tener un sentimiento de culpa y frustración, recuerda que saltarse una pauta una vez cada cinco o seis días, no es apenas significativo, saltarse la pauta todo los días por la noche, si lo es.

Lo lleves bien o no, yo te recomendaría que un día te relajases y le concedas a tu cuerpo y cerebro sus deseos. Eso si, preferiblemente evita que sea en la cena, recuerda que la última comida del día debe ser como la de un mendigo.


jueves, 21 de junio de 2012

Aprende a usar el pulsómetro

Aprende a usar el pulsómetro

Averigua cuál es tu frecuencia cardíaca máxima y utiliza el pulsómetro para marcar six-pack.

El pulsómetro es como un entrenador personal: te dice cuál es la forma de entrenamiento que mejor te va para conseguir un six-pack. Para eso, en primer lugar tienes que averiguar cuál es tu frecuencia cardíaca máxima (FCmáx), ya sea con la función correspondiente del pulsómetro (el valor es relativamente impreciso) o con una prueba de esfuerzo: calienta bien y acto seguido corre, pedalea o nada a ritmo muy fuerte durante 5 minutos. El último minuto tienes que ir a tope. Nada más cumplirse el tiempo, mídete las pulsaciones (este método es agotador, pero bastante exacto).

85-100% de la FCmáx

ENTRENAMIENTO ORIENTADO A RENDIMIENTO SIN QUEMA DE GRASA

Intensidad muy alta. El metabolismo lipídico está casi desactivado, y los músculos acumulan ácido láctico rápidamente. No es una zona adecuada para adelgazar. Entrenamiento muy agotador con respiración entrecortada.


75-85% de la FCmáx

MEJORA DE LA CAPACIDAD AERÓBICA, GASTO CALÓRICO ELEVADO

Se optimiza la obtención de energía en las células musculares. Entrenamiento adecuado también para personas que quieran adelgazar, ya que les hace ganar resistencia. Combustión de grasas proporcionalmente menor. Todavía es posible mantener una conversación durante el ejercicio.

 

65-75% de la FCmáx

ACTIVACIÓN ÓPTIMA DEL METABOLISMO LIPÍDICO

En esta zona de trabajo se gana resistencia y es donde quemas un porcentaje mayor de calorías a través del metabolismo lipídico. Puedes mantener una conversación durante el ejercicio.

Kéfir, alimento estrella

Esta bebida fermentada, cremosa y fácil de preparar en casa, es un excelente probiótico que facilita la digestión y refuerza las defensas. 


El kéfir tiene posiblemente miles de años de historia, más que el yogur, y gran parte de las virtudes milagrosas que se atribuyen a este, como la de favorecer la longevidad, deberían en todo caso atribuírsele a él. Se denomina kéfir tanto a los gránulos con los que se fermenta la leche como al producto resultante. Aunque este kéfir de leche sea el más común, y a él nos referiremos en la mayor parte del artículo, existen otros dos tipos de kéfir: el de agua y el de té o kombucha, que se elaboran con los mismos gránulos u otros similares y agua, mediante un proceso ligeramente distinto.

Un poderoso probiótico
La mayoría de los beneficios del kéfir derivan de su carácter probiótico y de las modificaciones que produce en la leche. Como probiótico ayuda a regenerar la flora intestinal y se indica en indigestión, candidiasis, estreñimiento o diarrea, así como para estimular las defensas del organismo. Al predigerir la leche, reduce enormemente su contenido en lactosa (principal causante de las intolerancias) transformándola en ácido láctico.

La flora del kéfir es de la llamada «flora de fermentación» (en contraposición a la «flora de putrefacción»). 
Ahora bien, los beneficios de la regulación de la flora digestiva van más allá, al mejorar el sistema inmunitario.

El estreñimiento o la diarrea mejoran en función del tiempo que se hayan dejado los gránulos en la leche. Si se cuela a las 24 horas, la leche kefirada ejerce un ligero efecto laxante, mientras que si se deja más tiempo, además de resultar más ácida, se va volviendo astringente.

Todas las propiedades de la leche
El kéfir modifica poco las propiedades nutritivas de la leche, por lo que tiene lo que esta inicialmente: más o menos grasa, proteínas, calcio... Las modificaciones más sustanciales que sufre la leche son de tipo digestivo: se reduce la cantidad de lactosa y se emulsiona mejor la grasa, por lo que es mejor tolerado por quienes no asimilan bien la leche. 
Dos kéfires no lácteos

Elaborarlo en casa
El kéfir casero se elabora mediante un proceso sencillo.
Para preparar kéfir en casa no se precisa más que cierta cantidad de nódulos, un recipiente de cristal de boca ancha y tapa hermética, un colador y un bol para recoger la leche kefirada. Es importante extremar la limpieza de estos utensilios y, a ser posible, reservarlos exclusivamente para elaborar kéfir. También conviene emplear utensilios, incluido el colador, que no sean de metal, especialmente de aluminio. Los nódulos y la leche kefirada tienen un pH ácido y pueden reaccionar con los metales.
En general, los nódulos no se venden, aunque se pueden comprar excepcionalmente por internet y en algunas tiendas de dietética.
A medida que se utilizan los nódulos, van creciendo. Cuando la cantidad se hace excesiva, hay que retirar los sobrantes, que se pueden entonces regalar a otros familiares y amigos, o a cualquier persona que los necesite.

Conservación y reposo
Cada dos semanas es aconsejable lavar los nódulos y el recipiente con agua tibia, no clorada, y dejarlos en agua mineral unas 12 horas. Si algún nódulo amarillea, se debe desechar, dejando únicamente los que tengan un aspecto saludable.
Si nos sobra madre de kéfir, o tenemos que ausentarnos unos días, se puede conservar sumergido en leche, dentro del frigorífico para ralentizar la fermentación, durante 4 o 5 días como máximo.


Excelente protector intestinal  
Los gránulos de kéfir contienen unos 400 millones de microorganismos por gramo, de los que más o menos la mitad son bacterias de tipo Lactobacillus.  
 
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RECETAS

Bol de aguacate y mandarina con kéfir


Raciones: 4   Preparación: 12 min.   Cocción: 2 min.
 
2 limones
2 aguacates pelados, troceados y sin el hueso 
3 mandarinas tipo clementina, peladas y a gajos 
4 hojas de lechuga iceberg, lavadas y escurridas
60 g de olivas negras sin hueso
30 g de piñones

Para la salsa: 
150 g de kéfir bien cremoso
2 cucharadas de zumo de limón
80 g de requesón desmenuzado
pimienta blanca y sal

Se mezcla el kéfir con el zumo y se remueve bien. Se salpimienta, se añade el requesón y se agita con varillas hasta que quede homogéneo.
Los aguacates se rocían con el zumo de los limones para que no se oscurezcan. A los gajos de mandarina se les retira la cutícula blanca.
Se mezcla la fruta con los aguacates y las olivas en un bol, y mientras reposa, se tuestan los piñones en una sartén seca. Se coloca una hoja de lechuga en cada plato, se dispone la mezcla encima, se rocía con la salsa y se decora con los piñones.

Por ración:
 Calorías  Proteínas  Hidratos  Grasas  Colesterol
  394   8 g   13 g   36 g   9 mg
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Gelatina de kéfir con arándanos


Raciones: 4   Preparación: 12 min.   Cocción: 9 min.
 
350 g de kéfir
80 g de arándanos picados gruesos
125 ml de agua y una cucharada rasa de copos de agar-agar
3 cucharaditas de azúcar integral
aceite para pintar los moldes

Para el puré:
200 g de fresas partidas por la mitad
1 cucharadita de azúcar integral

En un cazo se hierven el agua y el agar-agar 8 minutos, removiendo de vez en cuando. Fuera del fuego se mezcla con el kéfir, los arándanos y el azúcar molido en un molinillo de café, se vierte en flaneras individuales con las paredes pintadas en aceite y se deja enfriar en la nevera al menos dos horas.
Las fresas se trituran hasta obtener un puré y se pasan por el chino para retirar las semillas. El azúcar se añade solo si se desea, y se remueve bien. Cuando las gelatinas estén frías y sólidas, se desmoldan y se rocían con el puré.

Por ración:
 Calorías  Proteínas  Hidratos  Grasas  Colesterol
  162   3 g   18 g   8 g   10 mg
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martes, 12 de junio de 2012

Reto Cuerpo de Verano: Semana 7

Recta final, cuatro semanas y terminamos el reto, ahora un poco de esfuerzo en tu dieta

Estamos en las últimas cuatro semanas de nuestro reto, ha llegado el momento de apretar hasta el límite. El entrenamiento es adecuado, así que mas que continuar quemando más calorías, nos compensa vaciar aun más los depósitos de energía.

Aunque no es una situación muy conveniente, ya que una bajada drástica de hidratos de carbono no es lo mas adecuado para entrenar, si que podemos hacerlo de forma intermitente y durante cortos periodos de tiempo. Así que estas últimas cuatro semanas bajaremos aun más los grupos de alimentos que provienen de los hidratos de carbono.

Si en un principio manteníamos eliminarlos de la última comida del día, ahora actuaremos sobre el resto de comidas. No es necesario que peses los alimentos o llevar una pauta complicada, basta con restringir a la mitad los hidratos de carbono que ingieres; si comías dos frutas al día, come solo una, si tomabas un plato de legumbres, ahora medio plato, si tomabas cuatro rebanadas de pan, ahora solo dos, y así con el resto de alimentos ricos en hidratos como yogures, arroz, pasta, panes, cereales, zumos, frutas…

Debes mantener tus fuentes de proteínas e inclusos las grasas saludables, son las que nunca debes eliminar, mantén también la ingesta de agua (ahora incluso un poco mas) y las verduras, te aportarán sensación de llenado.

Posiblemente ahora notes una rápida pérdida de peso, causada por la bajada de hidratos que reducirán aun más las reservas de glicógeno muscular con pérdida de agua. Pero no es este el efecto que buscamos, esto tan solo es un ajuste que va y viene, lo que nos importa es conseguir reducir aun mas las reservas de glucógeno para el organismo no tenga mas remedio que acceder a esas reservas de grasa subcutánea de reserva.

Soy consciente de que este criterio de reducir hidratos es difícil de mantener e inculcar en tus hábitos, pero la próxima semana te enseñaré algunos trucos par mantenerlo al menos en estas ultimas cuatro semana, es el último esfuerzo.

Post original: http://www.sportlife.es/reto-cuerpo-de-verano-semana-7