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lunes, 21 de noviembre de 2011

Decálogo de prevención para una vida sana


Alimentación y ejercicio, dos claves de la buena salud

1. Una alimentación nutricionalmente correcta y un modo de vida saludable, junto con el ejercicio físico, son los mejores pilares para prevenir las enfermedades y garantizar una vida sana.


2. La infancia es una etapa vulnerable desde el punto de vista nutricional, pues las necesidades de nutrientes son elevadas y el riesgo de deficiencias es mayor. En esta etapa se forman los hábitos alimentarios y deportivos. Por ello, promover la educación nutricional y unas pautas de alimentación saludables, junto con el ejercicio físico moderado y continuado, deben ser una prioridad.


3. Los hábitos de vida de niños y adolescentes solo podrán mejorar si se cuidan también la alimentación y el modo de vida de los adultos.


4. Es responsabilidad de los educadores y de los padres establecer los hábitos de vida que definen la conducta de los niños, con pautas sobre lo que se come y cuánto se come, limitando las actividades sedentarias (televisión, ordenador, videojuegos) y fomentando el deporte.


5. La nutrición no es una lista de dietas. Hay que romper tópicos y entenderla como una ciencia compleja en la que queda mucho por investigar, pero en la que se han hecho avances. Los alimentos no son «buenos» o «malos», lo que importa es el equilibrio y la proporción.


6. La situación nutricional de adolescentes y jóvenes puede mejorarse con una estrategia que incida sobre el conocimiento, la actitud y la conducta. Se ha de recomendar una dieta equilibrada, junto con el ejercicio físico. La práctica deportiva es conveniente más allá de sus beneficios físicos, por su contribución a la formación integral de la persona.


7. En general, los jóvenes toman menos cantidad de líquido de lo aconsejado. Se debe aumentar el consumo de agua, zumos o bebidas, hasta un mínimo de 2-2,5 litros al día.


8. Es labor de las organizaciones sociales, públicas y privadas complementar y facilitar la tarea de los padres de crear hábitos de vida saludables para niños y adolescentes. Particularmente, los poderes públicos tienen una responsabilidad clave al decidir los programas educativos y la planificación del entorno urbanístico.


9. Desde el punto de vista urbanístico, las ciudades deben recuperar y desarrollar espacios para la práctica de hábitos de vida saludables.


10. En resumen, una alimentación variada y equilibrada, con un aumento de la actividad física, tiene una repercusión positiva para la salud.



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