Lo que el cuerpo no consume de carbohidratos y grasas, lo almacena en forma de grasa, mientras que, por el contrario, las proteínas no son almacenadas en el organismo más que por unas pocas horas. Una persona obesa está mal alimentada.
No es el estómago quien come, sino la célula, cada una de los millones de células que nos forman. Estas células se regeneran y funcionan con los alimentos que les damos. Una célula mal alimentada significa una célula débil, incapaz de realizar correctamente sus funciones y, por lo tanto, llevándonos a un deterioro prematuro.
Nuestro cuerpo quiere estar sano y conbuena figura, pero normalmente somos nosotros mismos quienes no se lo permitimos. Al organismo no le gusta tener acumulaciones inútiles de grasa, soportar un peso excesivo ni saturarse de toxinas coleccionadas a lo largo de años de mala alimentación y de dietas perjudiciales que sólo le suponen desgaste, enfermedades y deterioro. Pero él tiene que jugar con los nutrientes que le damos y hace milagros para sobrevivir aun cuando estos nutrientes son deficientes. En cuanto comencemos a nutrirnos correctamente, el organismo reaccionará agradeciéndonoslo con salud y una buena figura.
Como encontramos la comida en el supermercado no le damos importancia; podemos comer esto hoy y aquello mañana. Ya haremos una dieta para bajar tripa o caderas si llegamos a engordar. Pero la realidad es muy diferente. Somos máquinas bioquímicas, hechas de la suma de millones de células que se las ven y se las desean para que ese enorme ser que es usted siga adelante, completamente inconsciente de la gigantesca labor que realiza su organismo sin descansar nunca. Y esta enorme maquinaria está compuesta de moléculas que se extraen de los alimentos y del aire que respiramos. Si los alimentos no son los adecuados, la maquinaria debe reajustarse para seguir funcionando a pesar de las carencias a la que la sometemos. El tema es muy complejo, pero como ejemplo, simplemente le diremos que si el organismo fuera un coche, sería capaz de transformar el agua del radiador en gasolina para seguir funcionando y reparar un neumático pinchado con el humo del tubo de escape. Sin embargo, a pesar de esta increíble capacidad de adaptación que nos ha hecho sobrevivir como especie los últimos 50.000 años, nuestro cuerpo termina resintiéndose y lo manifiesta por medio de la acumulación de grasa y toxinas, que son el origen de muchas enfermedades. Por esta razón, podemos afirmar que somos lo que comemos y aunque le parezca increíble, si nos alimentamos bien estaremos sanos, en forma y con buena figura toda la vida.
Hay dos formas de alimentarse mal:
* Por exceso de alimentos en nuestra dieta habitual que no cumplen funciones vitales en nuestro organismo y lo único que hacen es saturarlo de toxinas y calorías vacías que se acumulan como grasas. Sobre todo destacan las grasas animales, las harinas blancas refinadas y el azúcar. Hay que tener cuidado, porque muchos alimentos los llevan ocultos. El azúcar se usa como conservante y las grasas y harinas para dar textura y sabor.
* Por defecto del consumo de alimentos imprescindibles, ya que es peor dejar de comer algo que necesitamos que tomar algo que nos perjudica. Por ejemplo, es más beneficioso comerse un filete y después un bollo de chocolate que comerse sólo el bollo; y además, engorda menos. ¿Por qué? Porque las proteínas de la carne aumentan el metabolismo y queman muchas grasas y azúcares del bollo. El bollo solo, se transformaría directamente en grasas de reserva.
Haga la dieta que sea, pero que sea sana y que…
1- Cubra las necesidades de nutrientes a nivel celular y no del estómago, ya que independientemente de que nos sintamos saciados al ingerir determinados alimentos, no podemos olvidar que son nuestras células las que deben incorporar los nutrientes que necesitan permanentemente.
2- No provoque cambios de carácter, algo muy frecuente con las dietas incorrectas, ni inducir a estados depresivos, lo que ocurre cuando el sistema nervioso central no recibe los nutrientes para su funcionamiento normal.
3- Se acomode al tipo de vida y trabajo de cada uno, ya que es absurdo pretender comer determinados alimentos en horas o circunstancias en las que no podemos. Y que sea fácil, dejándonos cocinar según nuestro gusto y costumbres.
4- No pasemos hambre, ya que si estamos bien nutridos no debe haber sensación de hambre. Lo contrario es indicativo de unas pautas alimenticias incorrectas. Y que aumente la sensación de vitalidad. ¿No es lógico que si perdemos peso y estamos más sanos nos sintamos mejor? ¡Pues sí!
5- Se base en alimentos de uso común, lo que nos permitirá mantener los hábitos nutricionales durante mucho tiempo. Las dificultades para conseguir alimentos especiales están directamente relacionadas con la imposibilidad de seguir las pautas marcadas.
6- Considere los gustos personales y sustituya los alimentos que no nos gusten por otros que si y que produzcan el mismo efecto bioquímico a nivel celular, así como la conveniencia de permitirnos ciertos caprichos para comer aquello que queramos de vez en cuando.
7- Si la dieta que realiza no cumple los puntos anteriores, por favor tenga cuidado. Puede poner en riesgo su salud.
Recomendaciones para Comer bien
Siga sólo 3 de estos consejos y su cuerpo se lo agradecerá, siga más y ya verá…
1- Beber de 6 a 10 vasos de agua al día.
2- Tomar algún alimento proteico 4 ó 5 veces por día: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena (en pequeñas cantidades).
3- Tomar 2 piezas de fruta al día, pero con el estómago vacío y nunca de postre.
4- Comer ensalada de vegetales crudos cada día.
5- Tomar 3 ó 4 cucharadas de aceite de oliva crudo.
6- Comer legumbres de 4 a 5 veces por semana.
7- Comer verduras de 4 a 5 veces por semana.
8- Tomar sólo como degustación y en ocasiones esporádicas: embutidos, dulces, chocolates y aquellos alimentos que en general son ricos en grasas saturadas y en azúcar.
9- Añadir algo de fibra a nuestra dieta (en comprimidos o salvado).
10- Tomar un Polivitamínico cada mañana.
La Fibra en la Dieta: el motor del intestino
¿Qué es?
Hay algunos alimentos que consumimos que tienen en su composición una parte que no alimenta, que no tiene ni proteínas, ni vitaminas, ni minerales, ni azúcares, ni grasas y que además no se digiere. A esta sustancia le llamamos fibra dietética. Hay básicamente dos tipos de fibras: la soluble y la no soluble, las dos cumplen parecidas funciones y en cualquier caso necesitamos determinada cantidad total para un correcto funcionamiento de nuestro aparato digestivo y especialmente de nuestro intestino.
Hubo un tiempo en que nos alimentábamos de alimentos completos: pan integral, cereales integrales, frutas en abundancia y vegetales crudos, que aportaban a nuestra dieta diaria una cantidad adecuada de fibra para el correcto tránsito intestinal de los alimentos y sustancias de desecho. Hoy día, la cantidad de fibra que ingerimos está muy por debajo de la que necesitaríamos para evitar un problema muy extendido y que va en aumento: el estreñimiento, trastorno que afecta a más del 40% de la población española y que es responsable de múltiples dolencias y trastornos de salud como celulitis, dolores de cabeza, hinchazón y distensión abdominal, amén de otros problemas que pueden producirse, ya que las bacterias que se encuentran en las heces retenidas mucho tiempo pueden pasar a la sangre disueltas en el agua intestinal e intoxicar otras partes del organismo.
Es importante tener en cuenta que es difícil perder peso sin un correcto funcionamiento del intestino. Se consideran a la falta de fibra en la dieta y al estreñimiento responsables del cáncer de colon.
Recuerde que es muy importante ir al baño todos los días, para lo cual debe beber suficiente cantidad de agua, así como tomar cada día unos 40 gr. de fibra, que si no obtenemos de los alimentos debemos suplementar con alguna fibra que no irrite las paredes intestinales como el salvado.
Post original: http://naturopatia.biomanantial.com/saber-comer/#.TsLYQPF5mK0
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